lunes, 19 de mayo de 2014

Cenicienta según Sylvia Plath...

Ésta es la historia de Cenicienta, contada originalmente en soneto por la escritora estadounidense Sylvia Plath y que tradujimos en Say Bonjour! para quienes disfrutan la poesía.



The prince leans to the girl in scarlet heels,
Her green eyes slant, hair flaring in a fan
Of silver as the rondo slows; now reels
Begin on tilted violins to span

The whole revolving tall glass palace hall
Where guests slide gliding into light like wine;
Rose candles flicker on the lilac wall
Reflecting in a million flagons' shine,

And glided couples all in whirling trance
Follow holiday revel begun long since,
Until near twelve the strange girl all at once
Guilt-stricken halts, pales, clings to the prince

As amid the hectic music and cocktail talk
She hears the caustic ticking of the clock.
A ella de zapatos rojos el príncipe invita
Sus ojos verdes fulguran, su pelo brilla
al ritmo lento del rondó,
Con violines el baile inició.

En el gran salón de cristal los invitados giran
Como hace la luz en el vino;
En las paredes lila, velas rosadas titilan
Reflejan en ellos su brillo.

Las parejas se deslizan en trance al bailar
Disfrutando la fiesta como es la tradición,
Casi a la media noche, en un parpadear
Afligida y pálida al príncipe se aferró,

Y con la música y el ruido ensordecedor
Ella escucha el cáustico tictac del reloj

Traducción: Juan Hernández 
y Mónica Badillo 

lunes, 12 de mayo de 2014

Occhi di Paola - Los ojos de Paola

Compartimos con ustedes Los ojos de Paola, un cuento corto del escritor italiano Gabriele Romagnoli, extraído del libro Navi in bottiglia, con una ilustración llamada Melancolía, del artista mexicano Roberto Portillo Georgge. Recibimos con mucho gusto sus comentarios o peticiones futuras y siéntanse libres de contárselo a quien más confianza le tengan, total, la lengua es como un vaso de agua… no debería negársele a nadie.

Los ojos de Paola

No puede dormir. Hay algo que lo atormenta. Pero no logra entender qué es. Sucede que lleva dos horas dando vueltas en la cama, él, que como dice Paola, suele dormir a pierna suelta. La mira, durmiendo de lado. De la mata de cabellos obscuros ahora teñidos, surge en la semioscuridad la forma de su mejilla, suave y lozana. Sus grandes ojos se esconden tras los párpados, pero Ducio se los imagina azules, medio grises a causa de los años. Y repentinamente entiende. Fue aquella tarde. Exactamente hace veinte años. La tarde en la que traicionó a Paola. Y encima, con la esposa de un amigo suyo muy querido. Luego regresó a casa, se bañó, comió con ella, bromeó, vieron la tele.

Cuando se fueron a dormir, él se quedó dormido de inmediato. Y entonces es así como funcionan las cosas, pensó al despertar: ningún remordimiento, ningún cambio. Se puede traicionar y salir librado, hasta consigo mismo. Se puede convivir tranquilamente con los propios pecados.

No lo volvió a hacer. Incluso se le había olvidado que hubiera pasado. Ahora se acuerda. Mira a Paola y le da ganas de gritar. Ella se levanta, lo ve sentado sobre la cama. “¿Qué tienes? ¿Por qué estás despierto?”, le pregunta. “Tuve una pesadilla”, responde él. “Soñé que te engañaba con Franca, ¿te acuerdas? La esposa de Giorgio”. Ella se da la vuelta hacia el lado de él. Le acaricia la mano. “Gracias por decirle pesadilla”, le dice. Él sonríe, se recuesta nuevamente. Ella le sigue acariciando la mano y él se vuelve a dormir de inmediato. Se apagan las luces de la plaza de afuera. Ahora la recámara está obscura. En la oscuridad, los ojos de Paola están abiertos. Un poco menos azules, un poco más grises.

Occhi di Paola

Non può dormiré. Qualcosa lo tormenta. Ma non riesce a capire cosa. Fatto sta che da due ore si rigira nel letto, lui che, come dice Paola, dorme a comando. La guarda, addormentata sul fianco. Dalla massa dei capelli scuri, ora tinti, emerge nella semioscurità il profilo della guancia, ancora piena e morbida. I suoi grandi occhi sono nascosti dalle palpebre, ma Duccio li immagina, azzurri, appena ingrigiti dagli anni. E d’improvviso capisce. È per quel pomeriggio. Esattamente vent’anni prima. Il pomeriggio in cui tradì Paola. Con la moglie di un suo caro amico, per giunta. Poi tornò a casa, si fece la doccia, mangiò con lei, scherzò, guardarono la tv. Quando andarono a letto, lui si addormentò subito. Dunque è così che vanno le cose, pensò, al risveglio: nessun rimorso, nulla cambia. Si può tradire e farla franca, anche con se stessi. Si può tranquillamente convivere con i propri peccati.

Non l’ha più fatto. Aveva perfino dimenticato che fosse accaduto. Ora ricorda. Guarda Paola e vorrebbe urlare. Lei si sveglia, lo vede seduto sul letto. “Cosa ti sucede, come mai sei sveglio?” domanda. “Ho avuto un incubo” risponde lui. “Ho sognato che ti tradivo con Franca, sai, la moglie di Giorgio.” Lei si gira dalla sua parte. Gli accarezza la mano. “Grazie per averlo chiamato incubo” dice. Lui sorride, si sdraia nuovamente. Lei continua di accarezzargli la mano e subito lui si addormenta. Si spengono i lamponi nella piazzetta. Ora la stanza è buia. Nell’oscurità gli occhi di Paola sono aperti. Un po’ meno azzurri, un po’ più grigi.

Traducción: Mónica Badillo